¿Por qué nos cuesta tanto meditar?


¿Cuántas veces has tenido el firme propósito de incorporar la meditación dentro de tu rutina diaria? Y ¿cuántas veces te has encontrado con excusas como estas? Mañana empiezo, tendría que levantarme más temprano. Mi cabeza no para. Termino planificando mi día en vez de aquietar mi mente.

Para empezar a entender lo que nos pasa cuando nos encontramos en esta lucha interior al intentar meditar, tenemos que partir definiendo cuál es el escenario y personajes que entran en este conflicto.

Desde la mirada de la psicología transpersonal estamos constituidos por dos aspectos:
• El ego
• La perfección original

- El ego (yo, estructura de personalidad)
Según Carl G. Jung, es el portador de nuestra conciencia consciente de existir, así como el sentimiento permanente de identidad personal. Es el organizador consciente de nuestros pensamientos e intuiciones, de nuestros sentimientos y sensaciones. Es el portador de la personalidad. El Yo surge del sí-mismo y desempeña papeles de crucial importancia. Percibe significados y evalúa valores, actividades que favorecen la supervivencia y hacen que la vida valga la pena vivirse y encontrarle sentido.

Según Ken Wilber, es la construcción personal que nos sume en la ilusión de la separación, esencia del sufrimiento humano.

El ego se identifica con la parte, no con el todo.

- la Perfección Original del Ser (espíritu, Yo Soy) Perfección Original no implica perfección estética, intelectual o moral, sino simplemente que cada ser vivo constituye un proyecto del universo como un todo, que ha llevado millones de años de evolución y que debe ser honrado mediante su plena expresión. Esta Perfección Original constituye la esencia del plan genético-psico-espiritual que todo ser humano encarna al nacer, es decir su Ser Original.

En este espacio, el de la totalidad, el de la completud, todo está bien, no hay nada que hacer, ningún lugar donde ir, todo es perfecto, no hay necesidades, es sólo el aquí y ahora.

Es el todo, a diferencia de la parte.

¿Qué pasa, entonces, durante el proceso de sentarme a meditar?

El ego se resiste, debido a que está acostumbrado a estar siempre en movimiento, planificando, calculando, elaborando estrategias, sacando conclusiones. Al encontrarse en este lugar de la meditación el ego se angustia porque siente que tiene anularse, dejar de ser.

El solo hecho de que percibir que tiene que rendirse, tranquilizarse lo vuelve más inquieto, más activo. Hay que invitarlo a aquietarse, procurar transmitirle que todo está bien.

Ahora bien, dado que la mayor parte del mundo occidental de la actualidad vivimos identificados con el ego, ¿cómo podemos ayudar a este ego para que deje de sentirse amenazado y para que no crea que va a ser aniquilado y destruido? Existe una manera muy simple y efectiva. Ir al cuerpo. ¿Cómo? A través de metodologías como por ejemplo, la Danza Primal® que utilizan el cuerpo como puerta de acceso para la ampliación de la conciencia. Al concentrarnos en el cuerpo, la mente se distrae y nos permite conectarnos con las emociones y con lo más sutil y elevado que hay en cada uno de nosotros. Mientras más practiquemos, más fácil nos será contactarnos con ese estado de plenitud, de conexión con la totalidad y el vacío.

A diferencia de algunas corrientes religiosas o filosóficas, nuestra mirada plantea que al ego hay que acogerlo, “abrazarlo” para poder trascenderlo. Podríamos decir que se trata de dejar de identificarse con él, para así poder hacer uso de su gran potencial a favor de una vida iluminada por la conciencia y el amor.

Te invitamos a descubrir ese lugar interno que seguramente te va a traer tantos beneficios como a nosotros.

Por. Iza.
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