La curación por las piedras.

La brujería al igual que la medicina toma sus recursos y remedios de los tres reinos, vegetal, animal y mineral, y uno no demasiado conocido por el que algunas brujas pueden sintetizar los planetas.
Normalmente la brujería tradicional en Europa procede de Paracelso (siglo XVI) con sus obvias y evidentes limitaciones, pero las neófitas casi siempre olvidan que tenemos tres cuerpos, cuerpo físico, cuerpo mental y cuerpo espiritual. Y que las curas que proceden en uno no son adecuadas para los otros cuerpos, sería tan absurdo como facilitar Valium en medicina alopática o tradicional para la melancolía de amor prescribir cuarzos para una torcedura de tobillo.
Fue el propio Paracelso quien entendió la importancia de los venenos "No existen venenos sino dosis" y donde en el reino animal cuanto más venenoso sea un ser mayor serán sus logros farmacológicos, lo que no viene a significar que debamos aplicar veneno de escorpión directamente sobre todo tipo de enfermos. En entender la separación y síntomas de cada afección en cada cuerpo existe la sabiduría de la bruja.
Muy apreciados son lo cuarzos en el reino mineral y las piedras llamadas semipreciosas, pero con demasiada frecuencia se olvidan las piedras no semipreciosas, especialmente los cantos rodados de río pese a su enorme poder y beneficios.
Para ciertas ocasiones donde podemos entender que la vida conspira contra nosotros porque todo nos sale rematadamente mal donde el transcurso natural de los acontecimientos no debería ser ese existe un remedio ancestral llamado la cura de piedras. Este no debemos usarlo en distintos padecimientos, o por ejemplo el clásico y conocido mal de amores, solo cuando fuera parte de un nudo de complejidad. 
Es una cura muy muy sencilla, a primeras horas de la mañana y cuando comienza a despuntar el sol acude a un río o arroyo de aguas vivas  y cristalinas, y selecciona sin prisas, de forma calmada, hundiendo tus pies en el río y caminando despacio por sus aguas tres piedras negras de un tamaño que quepan en el puño, no mayor que este y no menor que una uña. Llévatelas contigo y ponlas en la cama a dormir contigo esa noche, nunca bajo la almohada, a tu lado en el colchón.
A la mañana siguiente y a la misma hora devuelve las piedras al río y al mismo lugar pero separadas, lanzándolas a favor de la corriente.
No tienes que articular palabra alguna, pensamiento o deseo, de inmediato verás como todos los bloqueos comienzan a ceder en tu vida.
Repito que es solo una cura cuando muchas acciones o problemas convergen en tu vida, nunca para un solo problema puntual.
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