EL VERDADERO ROSTRO DE CRISTO.

 



La imagen que tenemos de Jesucristo no es la original, de hecho en el Nuevo Testamento no hay referencias a su aspecto físico, pero en la actualidad son bastante populares las supuestas reconstrucciones digitales por infografía que solo se tratan de engaños y manipulaciones por pseudo expertos. La representación actual que tenemos corresponde al llamado Cristo siriaco de la la Edad Media donde se le dota de barba y representa crucificado, estando asociado desde entonces a imágenes macabras de martirio, muerte y tortura, pero en origen existen representaciones en las catacumbas donde aparece lampiño, como el buen pastor, sin rasgo alguno de la crucifixión ni el martirio e incluso con rasgos que lo podrían equiparar a cualquier “patricio” romano (clases altas en la antigua Roma). No olvidemos que los primeros cristianos, los llamados “gnósticos” (no confundir con la secta actual del mismo nombre) que sí lo conocieron en vida siempre negaron la crucifixión.



Pero en representaciones anteriores por ejemplo otra fechada en el siglo VI en el ábside de la Iglesia de San Vital de Rávena, aparece del mismo tono que el patricio romano mencionado y sentado sobre una esfera terrestre. Es a partir del siglo X que se propaga la imagen actual de Cristo que todos conocemos y su filosofía iconográfica consecuente de dolor y tortura. Por tanto no es difícil concluir que la imagen que millones de católicos están adorando en nuestros días procede de un diseño intencionado del siglo X y una fantasía macabra propia de tiempos del oscurantismo y donde el hermetismo y el miedo interesaba.

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